Sergio Godoy – Coordinador Comunidad Esperanza

 

Queridos amigos:

Cuando en Comunidad Esperanza planteamos como parte de nuestra misión el generar «vida digna en abundancia» estamos haciendo recurso a una expresión llena de matices y connotaciones de los que a veces no solemos estar conscientes, pero que se van actuando en el día a día de la Ciudad de la Esperanza. Coincidentemente, mientras escribo estas líneas, me encuentro con una cita de Carlos Aldana Mendoza, que llama poderosamente mi atención, porque refuerza y clarifica la importancia de nuestra afirmación: «La plenitud, la verdadera vida humana se hace con y desde todas las posibilidades, desde todos los caminos, desde todos los esfuerzos» (C. Aldana, introducción del libro “La Luz Brilla en la Oscuridad”, de Teodoro Nieto).

No estamos hablando de aspectos biológicos, sino de una comprensión holística de todo lo que hace posible la plenitud de la vida para las personas a quienes servimos y para nosotros mismos en cuanto servidores, pero que nos pide justamente el esfuerzo y la creatividad necesarias para que esa vida plena sea, para que esa vida despierte, esté al alcance de todos, desde su condición de ser único e irrepetible en este mundo.

De esa cuenta, entendemos que tan necesario como el alimento que nutre el cuerpo de los niños y favorece su desarrollo, lo es la mirada que acaricia, la palabra que corrige y alienta, el trabajo generoso y bien hecho; tan necesaria como la apertura de mente, lo es el apuntarse a dignificar la vida de los excluidos a través de la defensa y promoción de sus derechos, la creación de nuevos espacios de oportunidad y la escucha y observación atenta de los acontecimientos que van marcando el rumbo de la historia, así como nuestra participación en los procesos que ayuden a transformar la sociedad para bien.
Nada queda fuera de esta desafiante pero hermosa tarea.

Hay momentos en los que la falta de recursos económicos y materiales nos preocupan; pero también nunca faltan personas, grupos e instituciones que comparten nuestro mismo sueño y nos ayudan a seguir adelante: son las mútiples expresiones de la Providencia que nos acompaña amorosamente para que podamos ir abriendo caminos.

Al acercarnos al ecuador de este año, vemos que pese a las dificultades propias de nuestro trabajo y a las del entorno sociopolítico, hay motivos para alegrarnos y para agradecer el ser una «comunidad buena noticia» (Florentino Ulibarri) en medio de la gente: 449 niños y jóvenes escolarizados participan de experiencias que contribuyen a su desarrollo integral (formación académica, talleres de capacitación, actividades lúdicas, atención médica y psicológica, alimentación…), 16 niños de la Escuelita Feliz nos alegran la existencia mientras se les provee de un acompañamiento adecuado, un grupo de mujeres asiste a un curso de nueve meses de duración para graduarse como modistas y crear una empresa, al tiempo que 60 mujeres y sus respectivas familias son beneficiadas por el proyecto de seguridad alimentaria y aprenden muchas cosas que les permitirán a su vez, mejorar sus condiciones de vida. Poco a poco, van ocurriendo pequeños grandes milagros, y la Ciudad de la Esperanza es un espacio lleno de vida que palpita al ritmo de los sueños de muchos.

Un gracias muy grande a todos los que hacen posible la «vida digna en abundancia», porque están llenos de ella.

Construyendo la vida